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No son las herramientas, estúpido

Como decía en el anterior post sobre trabajo en equipo, las herramientas son el medio, pero no un fin en sí mismas. Además, no son ni positivas ni negativas; bueno o malo será el resultado de lo que hagamos con ellas.

Um. ¿Soy yo o acabo de soltar dos obviedades tamaño XL? Aunque me lo parezca, he tenido que lidiar con muchas situaciones que señalan que de evidentísimo aquí, lo justo.

El fin no califica a los medios

Ni los justifica, ni los califica. No cabe catalogar como buenas o malas las herramientas en función del resultado que se obtenga con su uso. Seguirán siendo lo mismo: más o menos útiles, rápidas, intuitivas, pesadas, gratuitas o no, etc. Lo que ofrezcan tendrá, además, mucho que ver con el conocimiento y habilidad de quien las maneje.

Sin embargo, he notado que en algunos entornos se demonizan técnicas o recursos porque se les otorgan cualidades propias de quien o quienes los manejan. Incluso, se les endilgan calificativos del campo de la moral en función de para qué se utilicen y qué ayuden a obtener.

El fin no califica a los medios
¿Partir leña o partir cabezas? Depende de la mano que la mueve, no de la pobre hacha

Si una herramienta te sirve, «vale»

Me explico mejor vía ejemplo:

¿Debe la pequeña empresa abandonar una herramienta si le sirve para alcanzar sus objetivos? ¿Es moralmente reprobable que la use por el mero hecho de que también es manejada por compañías a las que sí podemos calificar como de dudosa moralidad y valores? ¿Cambia la cosa si el software es gratuito y libre, o de pago y con copyright?

Un software de gestión es neutro, éticamente hablando, lo use una transnacional textil, una compañía armamentística o una pequeña empresa familiar. No podemos decir que ese software es un engendro del mal, que no es deseable y que su utilización en una entidad social tiene algo de perverso y mucho de poco coherente.

El marketing no es un mal necesario; es necesario y punto

Reflexionando, veo varias cosas aquí en un entorno que, en pleno 2017, sigue siendo difuso para muchas empresas del tercer sector y aledaños; me refiero al amplísimo campo de la comunicación:

  • Falta de experiencia: o sea, saber en qué consiste cada tarea y función dentro de un equipo. Trabajar en el«mundo exterior» puede aportarnos muchos beneficios profesionales. El entorno «agresivo», como me han dicho muchas veces, como si buscar beneficios fuera objetivo solo de las grandes empresas.
  • Carencias formativas: esto es, saber qué hay detrás de técnicas de marketing o publicidad, tan utilizadas en la comunicación on line. Imprescinibles a día de hoy, vaya, sin importar el sector.
  • Falta de trabajo emocional: la poca capacidad para adaptarse a los cambios, el encorsetamiento y el inmovilismo no son útiles en un proyecto profesional que pretende salir adelante. Máxime en un entorno que muta al ritmo que ya sabemos.
Las herramientas son neutras, los objetivos o los resultados, no
¡Piu, piu!

El foco, en el objetivo; las herramientas son solo un medio

Mientras nos dedicamos a desarrollar recursos nuevos para conseguir lo mismo que podríamos obtener con otros que ya existen, cualquiera puede cogernos la delantera.

¿Para qué vas a montar una red social exclusiva para ONG? ¿Y si usas las que maneja todo el mundo? Seguro que la competencia ya les está sacando jugo, y tú, a intentar construir un Facebook alternativo desde cero, olé.

Por eso, plantéate bien qué porcentaje de «social» debe tener tu proyecto. Hazlo en función del objetivo que quieras conseguir con él:

  • Si quieres que solo se mantenga y que los beneficios den para cubrir los gastos… no te metas en berenjenales y ve a lo práctico y mínimo.
  • No te importa tener pérdidas porque tienes un buen colchón y es tu capricho invertirlo en ello… vale, monta la red social alternativa y prepárate para gestionarla.
  • Si priorizas obtener rendimiento para generar tu propio puesto de trabajo… ponte las pilas pero ya y usa todo lo que internet tiene que ofrecerte.

Todas las opciones son más que válidas, desde luego. Pero, si desarrollas un emprendimiento en equipo, que quede claro y meridiano desde el principio hasta dónde queréis llegar y, sobre todo, cuáles serán las prioridades. La agilidad y el pragmatismo tienen premio: tu estabilidad económica y la de tu empresa.

¿Compromiso con altos estándares éticos o con la sostenibilidad de tu proyecto?

El foco, en el objetivo. Las herramientas son solo un medio

Tranquilidad, no vas a ser peor persona ni menos comprometida socialmente por usar Windows. ¿Te hace ganar en productividad? Pues, de cabeza, seguirás vendiendo productos de agricultura ecológica igual de buenos. Cuando delegues las tareas de pico y pala administrativas, ya pensarás en opciones acordes a tu forma de pensar.

¿Tienes una tienda y realizas un montón de transacciones y Triodos Bank te fríe a comisiones? Pásate a la banca convencional hasta que puedas hacer frente a esos gastos.

Adaptarse no es ser incoherente, es querer ser práctico, con el objetivo de no quedarse por el camino. Un mismo proyecto puede pasar por muchos momentos distintos. Por eso las soluciones que busquemos deberán ser lo más ajustadas posible.

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